miércoles, enero 05, 2005

Noche de Reyes

Era todo un ritual, que no por largamente esperado dejaba de ser emocionante.

Te tomabas el vaso de leche caliente con miel y jalea real a eso de las 22 horas. Te ponías el pijama rapidamente. Cogías tus zapatos de los domingos y los limpiabas. Luego los llevabas al comedor y los ponías los primeros de la fila, debajo del mueble largo, lo más cerca del balcón que era por donde entrarían, para que los vieran el primero y dejasen más regalos que en el de tus otros dos hermanos pequeños. Le dabas un beso de buenas noches a tus padres y te ibas a la cama. A lo 10 minutos volvías a saltar de la cama y te ibas a la mesa de la cocina: se te había olvidado el vaso de leche y los mazapanes para los Reyes. Al llegar al comedor veías que tus hermanos te habían cogido el sitio. Lo reordenabas para volver a quedar el primero y les dejabas el vaso y el plato delante de tus zapatos. Tus padres te miraban con una sonrisa en la cara, te decían buenas noches y corrías a meterte en la cama. Intentabas quedarte despierto, los ojos como platos de grandes, canturreando algún villancico en voz baja. Cuando tus padres apagaban la luz del comedor, respirabas entrecortadamente y después de 10 minutos volvías a bajarte de la cama y, descalzo y en silencio, te acercabas al comedor y mirabas si tus hermanos te la habían vuelto a jugar. Vaya, otra vez a ordenarlo, y vuelta a poner el plato de mazapanes y la leche delante de tus zapatos; qué sabrían tus padres de dónde colocar la vituallas. Vuelta a la cama y a intentar quedarte despierto.

Al día siguiente, te despiertas con un sobresalto, ante los primeros rayos de sol... ¡te habías quedado dormido! Con el corazón en la boca salías disparado al comedor, sin zapatillas ni nada, descalzo, para ver si ya los habían dejado en su sitio. Y al verlos pegabas grititos de alegría y tus hermanos aparecían con cara de sueño. Y a abrir los regalos y a jugar durante los 3 días que faltaban para volver al colegio.

Qué ilusión que hacía; algunas veces te habían dejado lo que habías pedido (las listas podían ser enormes, así que en algo acertaban siempre), otras no daban ni una y tenías que poner cara alegre aunque en el fondo maldecías a tu Rey Mago (en mi caso Melchor) por no haberte hecho caso, a diferencia de tus hermanos que sí tenían lo que habían pedido.

Yo siempre les pedía (desde que tengo memoria) un Scalextric y un Meccano. O no entendieron nunca lo que eran esos juguetes o se les acababa antes de llegar a mi apellido (la M es chunga por eso... si hubiese sido la A seguro que habría caido algún año). Luego pasé a una mesa de mezclas y sus platos giradiscos, pero tampoco.

Lo viejos que nos hacemos y cómo se ve en perspectiva.
Vaya añoranza que te entra.

Que os traigan muuuuuuuuuuuuuuuchos regalos los Reyes Magos y ya contareis lo que os han traído a vosotros.

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