No es hacer ejercicio.
Ni seguir un régimen.
Ni gastarte una cantidad ingente de dinero en productos dietéticos.
Ni hacerse una liposucción general.
Lo mejor es lo que ha hecho un compañero de trabajo: gastroenteritis vírica, 7 días sin aparecer por el trabajo, diez días a base de calditos y...
¡¡voilá!!
10 kilos menos.
Cuando ha entrado por la puerta parecía la radiografía de un soplido (y eso que ya pesaba poco, no más de 60 kilos).
Ni el David Copperfield, señores.
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