La cena del viernes estuvo francamente bien. Quizá tuvieron incluso más éxito los aros de calamares a la pimienta que la merluza a la sidra (me salió algo sosa), pero no se me quejaron demasiado (y mi hermano no se hubiese mordido la lengua) así que muy satisfecho.
Mi cuñada tiene ya un buen bombo, con su inquilino dando pataditas de vez en cuando. Es muy emocionante poner la mano y notar como se mueve, a ritmo de samba o más sosegado, dependiendo. Todo irá bien y será ¡¡Sagitario! (lo siento pos los Leo que me leen).
La pobre Sothet se pasó la noche encerrada, y es que mi cuñada no tiene anticuerpos para la toxoplasmosis, y no era cuestión de sufrir ningún susto. Cómo maullaba cuando veía que nos levantábamos a coger comida. Luego la recompensé con una medida de leche para gatos (casi sin lactosa) y una latita de delicias de pavo.
En otro ámbito de cosas el sábado La llamé y quedamos para el domingo por la mañana; ella también se acordaba de la fecha y también le apetecía vernos. Estuvimos en el Aquarium de Barcelona (me pareció pequeño) y luego comiendo en un japonés estilo Kaitensushi (delicioso el sushi y el maki, como siempre). Hablamos de muchas cosas pero no mencionamos nada sobre la separación: supongo que el recuerdo es muy doloroso aún. De todas maneras logramos no lloriquear (yo sobre todo... que me noté en ciertos momentos demasiado tierno); a ella la veo afectada, por lo menos externamente, aunque como nunca supe leerla bien entrelíneas no estoy del todo seguro.
Lo que sí sé es que en ningún modo me arrepiento de la separación y bajo ningún concepto (por lo menos que se me ocurra) volvería con ella (o ella conmigo, que parece como si fuese yo el que provoqué esto y no es así).
Claro que me hubiese gustado estar con ella, que no hubiese pasado nada entre nosotros y tener una familia completa... pero por hache o por be, eso no ha podido ser y tengo que comenzar a mirar hacia adelante.
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