La primavera está aquí, que todo lo altera.
El tiempo cambia; ya no sabes qué ropa ponerte, porque o te asas o te hielas, o pareces un pingüino o un guiri-extranjero.
La gente tiene vacaciones y ya puedes entrar en el metro si necesidad de oler sobacos ajenos, apretado por todos lados, con conversaciones gritadas en el oido aunque no tengas nada que ver y empujones al entrar, al salir, al arrancar y al frenar.
La Semana Santa comienza a hacer estragos y ya no se puede poner la televisión sin ver a nazarenos flagelándose y martirizándose, como si esa penitencia de 5 días les limpiase de 360 días de portarse mal o peor. La procesión y el arrepentimiento hay que llevarla por dentro todo el año, no 5 días.
Y lo mejor de todo o casi (por lo menos para un marmota como yo): este sábado a domingo tendremos una hora más para lo que queramos o nos dejen.
Actualización: Como bien ha dicho Lobo Malo, no tendremos una hora más, será una hora menos. Lo sé, lo sé. Soy un desastre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¿Algo que decir?