lunes, marzo 17, 2008

Cuando el hambre...

... se junta con las ganas de comer, pasa lo que pasa.

Es increíble que después de 3 años teniendo diversas salas de almacenaje en una de esas empresas que se dedican al almacenaje (exclusivamente a eso), cada vez que hacemos (desde la asociación) un cambio de uno de ellos, la caguen.
Es increíble que sabiendo que el programa es un churro, sigan usándolo.
Es increíble que a pesar de insistir en que comprueben las cosas y en que hagan una llamada o envíen un mail si ven que algo no cuadra, no lo hagan.

Y es que tú haces las cosas bien, pagas lo que debes cuando debes. Incluso en enero lo dejas todo bien para no tener que preocuparte hasta el 15/04.

¿Y qué pasa cuando vas hoy a retirar unas cajas y comprobar otras con otro miembro de la asociación?

Que te han bloqueado el código.
Que te digan que debes marzo, cuando sabes que no es así.
Que le pides que compruebe y tenga que llamar por teléfono para saber cómo hacerlo.
Que la persona que hay atendiendo está en prácticas y no sabe cómo; pero es que tampoco lo saben los que están al otro lado del telefóno.
Que le pides que imprima las facturas y no encuentra la de marzo.
Que le pides que te deje entrar y que no puedas tampoco, porque ya lleva 30 minutos de trabajo de más y claro, no va a esperar los 45 minutos que necesitábamos para reordenar el material.

Y menos mal que guardamos el recibí, porque sino aún nos hacen pagar mes y medio por el morro.

Combinación explosiva: inutilidad del personal + programa que no funciona = desastre total.

Mañana por la mañana toca mosquearse de nuevo.
Y reeplantearse si pides indemnización o los mandas a freir espárragos y te buscas otro.

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