miércoles, febrero 23, 2005

Mi Padre (II)

Voy a ser poco original, lo sé, pero me apetece contarlo.

Ayer, 23 de febrero, me vino un recuerdo sobre mi padre.

De siempre ha sido una persona comprometida con sus vecinos, con sus paisanos, con su entorno social a fin de cuentas. Y siempre ha sido muy de defender derechos que en su momento no teníamos en España. Por ello no me sorprendió (años más tarde) saber que había sido miembro activo de CNT y CGT en aquellos años que siguieron a la instauración de una nueva democracia. Tampoco he ahondado mucho más en los últimos años de la dictadura, pero sabiendo como es, apostaria un dedo del pie a que sí. Era de los que recibía los palos de los policías, en primera línea de la manifestación.

El 23 de febrero de 1981, después de salir de la escuela, estabamos viendo la TV en blanco y negro, mi padre y yo (tenía 7 años escasos); mi hermano mediano estaba en la habitación jugando y mi hermano pequeño en la cuna (tenia un año solamente). Eran las 6 y algo de la tarde.

La verdad es que no entendia qué era lo que salía en la pantalla, para que voy a engañaros: sí, unos hombres hablando un montón de cosas raras, que ahora aplaudían a alguien y que luego se callaban. Yo quería una serie de dibujos de la que no tengo recuerdos, y mi padre me dijo que no, que me callase o me fuese a la habitación.

Mi padre se levantó (o eso creo recordar) a la cocina, con el cigarro en la mano. Entonces fue cuando al volver a mirar a la tele oí como tiraban petardos (eso me pareció entonces) y la gente que estaba sentada ya no salía: todos se habían ido.

Mi padre entró corriendo en el comedor, subió la voz de la tele y se sentó en el sofá. Yo no entendía qué pasaba. Mi madre salío de la habitación, con el hilo en la mano, el lloro de mi hermano pequeño de fondo, y se acercó a mi padre preguntando qué pasaba. La mandó callar. Ella se sentó junto a él (yo casi no cabía ya en el sofá de imitación de piel) y le apretó la mano.

Estuvieron así media hora quizá, mudos y mirando la tele. Yo comencé a escuchar y a comprender que pasaba algo gordo. Sabía que allí se hablaba sobre algo que no sabía muy bien cómo luego hacía que subiese el precio de mis cicles y mis caramelos.

Y mi padre se levantó, abrazó a mi madre y dijo que salía. Que no lo esperásemos levantados. Mi madre se puso a llorar, no entendí porqué. Mi padre me cogío, me dió dos besos y me dijo que me quería; luego a mi hermano mediano también. Se acercó a la cuna de mi hermano pequeño y se fue.

Mi madre nos hizo apagar la tele y la radio. Nos hizo algo de comer rápido y a las 8 de la tarde estábamos durmiendo. La casa en silencio y sin luz.

Más tarde me levanté al lavabo y vi a mi madre sentada en la cocina, con una vela encendida y llorando.

Mi padre volvió al día siguiente, después de la hora de comer, contento. El Golpe había fracasado. Y nosotros también estábamos contentos: no habíamos ido al colegio.

Fue con el paso de los años que me enteré que había bajado corriendo a la Asociación de mi ciudad, a reunirse con compañeros de sindicato, porque tenían miedo de que ese Golpe de Estado tuviese éxito y las familias sufriesen algo por sus ideas políticas y su militancia activa en los sindicatos.

Creo que fue por ese año que mi padre se desvinculó totalmente del movimiento sindical radical, pasando a UGT (nunca ha dejado de estar ligado a la lucha de los derechos de los trabajadores... aún hoy en día con sus 58 años).

Sentí admiración por mi padre, cosa que tengo que recordar a veces, cuando logra sacarme de mis casillas. En ese aspecto, soy como él, no me importa comprometerme por mis ideales, y me gusta ayudar donde y cuando puedo. En lo que sea.

Papá, te quiero.

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