jueves, febrero 10, 2005

De Cera

Hoy habrían sido cuatro años de casados. Era curioso que se hubiese olvidado tan pronto y de manera tan completa de que, no hacía mucho más de diez meses, había tenido una casa, una esposa y tres gatos con los que compartía su vida.

J. era feliz... ayer.

Hoy ya no lo es.

Porque ayer recibió un jarro de agua fría, helada, gélida.
Ayer, en contra de lo que se había propuesto hacía unas escasas semanas atrás, habló con su ex.

— ¿Qué mal hay en ello? – pensó.

Para él era normal preguntarle qué tal le iba, como estaban esos gatos, si le sonreía o no la vida ahora que ya no estaban juntos y se habían acabado los problemas comunes(y las cosas buenas también). Saber, sólo saber cómo estaba todo después de esos cinco años y medio de convivencia, cuatro de formalismo judicial y eclesiástico y diez meses de separación legal. Tantos números, tantas cifras, tanta retórica para describir una sensación de soledad que sentía, algo abrumante a veces.

Así que habló con ella. Y fue cuando sufrió la descarga emocional, ese vacío en el estómago, ese ramalazo de frío que le subió por el cuello, posándose en la mejillas y dejándole escarchada el alma.

- Hola.

- Hola. ¿Cómo estás?

- Bien, haciendo. De momento la salud me está respetando, que es ya un grado. ¿Cómo están los trastetes?

- Tengo a la Shertab subida a la chepa. El Simba y la Salma durmiendo al lado de la estufa.

- ...

- ¿Sabes? Habría sido de cera.

- ¿Cómo? No te entiendo.

- Mañana... habría sido de cera. Mucho más fácil que el año pasado, que nos las vimos para encontrar algo de trigo.

Y fue entonces cuando el rayo divino, ese relámpago que te atraviesa de sién a sién, esa descarga mortal en apariencia y esclarecedora en realidad, le golpeó como un mazazo.

Hoy habrían cumplido cuatro años de casados. Y el regalo que se hacían todos los años, ese detalle que era la promesa renovada de fidelidad y amor, ese presente tendría que haber sido de cera.

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