martes, marzo 19, 2013

Comiendo en Málaga (2) - El Fogón Ibérico

Bueno, esta entrada debería haberse hecho hace ya unos días, pero he preferido dejar pasar algo de tiempo para moderarme un poco en los comentarios.

Conste que no era la primera vez que íbamos, diría que ha sido la tercera vez.

Es un típico restaurante de centro comercial: algo más caro de lo normal, muchas mesas y una decoración efectista, en este caso rural, madera y demás.


Las otras dos veces recuerdo muy bien que pedimos buey a la piedra. Bien laminado, no muy grueso, para que puedas hacerlo a tu gusto sobre la plancha de metal. Fue el único restaurante en el que encontramos buey, de calidad, servido de esta manera a un precio más o menos asequible.

Así que este sábado nos dispusimos, después de ver la película Argo, a comer.

Pedimos unas papas arrugadas con mojo picón y una ensalada de queso de cabra con vinagreta de miel para comenzar y 600 gramos de buey para acabar.

Las papas aunque algo frías y el mojo picón bastante suave, se comió con gusto.

El primer horror vino con la ensalada. Supongo que la chica que estaba encargada de las ensaladas era nueva y, además, no ha visto ningún programa de Chicote, porque eso no era una ensalada, si no una piscina con verde, nueces y dátiles.

Lección 1: La ensalada, cuando se lava, se ESCURRE. Mucho. Más si hace falta. Y por las dudas se vuelve a escurrir otro poco más.


No lo devolvimos a la cocina porque el cocinero tenía alguna pelea con varias de las chicas y se le oía gritar y recoger platos antes de que se sirvieran.

Luego pensamos que el buey nos quitaría el mal sabor de boca. Y no fue así.
Tardó mil en llegar y cuando lo hizo, ni cambiaron platos (tuve que insistir dos veces para que trajeran dos platos pequeños) ni cubiertos (se los llevaron al reclamarlo pero volvieron a traer cuchillos sin corte alguno). El espectáculo fue que el buey lo cortaron en 5 trozos gordos solamente y que lo habían pasado demasiado por el fuego, amén de revolverlo con verdura que ya había soltado agua. Y no trajeron sal en escamas, así que tuve que pedirla.

La chica, graciosa ella, me dijo que no tenían, pero sí sal maldon. Los ojos a cuadros y no me carcajeé allí por respeto al resto de comensales.

Lección 2: La sal maldon es sal en escamas, ahumada o no, pero en escamas (por cierto no era ahumada, así que la única salvación que tenía su comentario, naufragó estrepitosamente).

Suspiramos y nos dispusimos a comer. Tuvimos que volver a cortar la carne en tiras comestibles y manejables para la plancha. Y volver a pedir una segunda plancha porque a menos de la mitad ya estaba fría.

Se nos quitaron las ganas de postre y café allí, saliendo a escape en cuanto pudimos.

El coste caro (unos 23 euros por cabeza), más si lo comparamos con la mala calidad de lo servido.

En fin, uno tachado de la lista por siempre jamás (snif, snif, buey).

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