No es secreto que me gustan los gatos.
Adoro esa manera de comportarse que tienen, entre independiente y atenta, moviéndose casi siempre en segundo plano. Sin muchas exigencias aparte de algunos mimos, comida, agua y arena limpia donde poder hacer sus necesidades. Sin molestar demasiado, pero pidiendo aquello que creen en el momento que necesitan.
Tampoco es secreto que no me gustan los perros.
Ruidosos e inoportunos casi siempre, a pesar de ser fieles, tienen necesidades que no pueden satisfacer en una cajita de arena, con lo que hay que estar pendientes varias veces al día de ayudarles y pasearlos. Mucho más sucios que los gatos. No es que les tenga miedo (no demasiado al menos), pero me repelen.