jueves, junio 16, 2005

Predicar en el desierto

Es una frase que dice a menudo mi padre.
Muchos de mis recuerdos de infancia y juventud (ejem, sigo siendo joven, no malpenséis) van unidos a esa frase. Yo, con mi hermano mediano, jugando a cualquier cosa... y mi padre hablando de fondo, un runrun contínuo, hasta que soltaba un puñetazo en la mesa y gritaba: "¿Es que estoy predicando en el desierto o qué?"

Hoy me he acordado mucho de la susodicha frase, porque comienzo a cansarme y empiezo a entender (más aún de lo que ya intuía) que Fenris, el anterior "presi" de Ayudar Jugando, dejase de serlo de muto propio.

No me gusta ir corriendo a las cosas, no me gusta llegar tarde, no me gusta que diga algo y la gente "sude" de ello o se calle, no me gusta que las cosas se retrasen...

¡no me gusta!

(¡glups! parezco el enano gruñón)

Pero como soy cabezón (como mi padre), haré como el predicador en el desierto y seguiré hasta que la arena me haga caso, o hasta que el sol me termine por quemar del todo y tenga que buscar refugio bajo las piedras.

A este diario pongo por testigo que no me pasará (o eso intentaré).

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