Todos tenemos nuestra estrella.
Ahí, en algún sitio, aguardándonos.
Pero a veces la espera nos hace pensar que no es así.
Y no hay excepciones: todos tenemos la nuestra... sólo hay que creer en ella, desearla y esperarla, por muy duro que sea el interludio, los sinsabores y las decepciones.
Yo creo.
Yo espero.
Para tí, Wendeling, para que intentes creer.
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