A raíz de la novela que estoy leyendo (mirad a mano derecha) me han asaltado varias dudas.
La primera no tiene nada que ver con el libro en sí (que de momento me está gustando), si no con la manía-moda que tienen los autores actuales (en todos los géneros) de alargar lo indecible sus novelas cortas o cuentos. Es decir, me parece perfecto que lo hagan, pero no a costa de meter relleno y no contar nada. Porque entonces pasa lo que a Maestro Cantor, de Orson Scott Card: que de una novela corta sublime, de lo mejor que he leído en todos los géneros, pasa a ser un pastiche que no hay quien se trage (excepto la parte que no toca de su novela corta, claro).
En este libro a Sawyer le pasa lo mismo: mete relleno y no sé yo si al final valdrá la pena. De momento no me quejo... pero ya veremos.
La segunda duda-pregunta es algo que me toca mucho la moral. Yo, que me dedico a realizar traducciones, brinco-salto-friso-me-enervo, cuando veo tantas erratas juntas. De verdad... pero a centenares.
Yo ya entiendo que el traductor, puede meter sin querer unas pocas (a mí me pasa), pero no pueden ser tantas. ¿Es que ya no se usa aquello del corrector de traducción? ¿Nadie se repasa los ficheros que se entregan? ¿No cogen la primera copia de la novela, antes de maquetar, y se la leen?
No digo nada sobre errores propiamente dichos de traducció, si no de los tipográficos.
Y la tercera duda o pregunta que me hago, es que si esta sociedad merece (como parece querer decir el libro) una redención o una ayuda para dar el siguiente paso en la escala evolutiva.
¿De verdad nos lo merecemos? No sé... yo cada vez que leo noticias u oigo la radio (que de momento de TV nada de nada) pongo en duda que merezcamos más oportunidades.
En fin.
Sólo eran unas pocas reflexiones.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¿Algo que decir?