El lunes siguiente fue un día estresante. Las tres damas vendría a primera hora de la tarde del martes y debía preparar la casa para recibirlas y alojarlas 15 días.
Mi pisito de 45 m2 solo tiene una habitación, así que mi hermano T. me bajó un colchón de espuma de casa de mis padres; con eso y el sofá-cama las niñas ya tendrían donde dormir.
Los armarios fue lo siguiente a ordenar para hacer sitio. Digamos que en eso no me parezco al estándar que es famoso del hombre típico: dos pantalones y tres camisas.
Ja, ja y ja.
Acabo de volver a contarlo y pantalones son 17 (vale, tres no puedo ponermelos por ser dos tallas más de la que uso ahora, de 42 a 38), camisetas y jerseis 3 cajones enteros de un armario de dos puertas (no me he puesto a contarlos, demasiados), y a pesar de no ser de camisas tengo seis y tres chalecos. Aparte abrigos, etc.
Y pasar nervios esa noche... estar hablando con ella un buen rato e irme a la cama para no dormir hasta tarde... tanto que el martes me levanté tarde y todo.
Esperarlas en el aeropuerto fue lo peor del martes, porque llegaron un poquito tarde y estaba a reventar de gente: los nervios que me pueden me hizo poner malas caras a varias personas que de educación poca. En cuanto vi a Wendeling me adelanté a codazo limpio y nos fundimos en una abrazo largamente esperado. Ainsss... qué de suspiros y besos que nos dimos ahí en medio de la gentada.
Salimos corriendo del aeropuerto y a comer. Ese día a parte de muchos mimos, besos y abrazos (compras de comida) hicimos bien poco. El planning ya lo teníamos hecho y comenzaba el miercoles.
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