Mientras Ithilien estuvo en una hotel de Jaén una semana para hacer inmersión lingüística en inglés, nosotros fuimos a una casa rural en Alfacar (Granada) para intentar desconectar un poco del trabajo y la ciudad, y aunque algo sí que desconectamos el calor me mató. Calor, calor, calor... ¿he dicho calor?

No es normal lo de este año. Me está recordando a 2003 (creo que fue), año en el que tuve 3 brotes. De momento cruzo dedos, que no me está pasando factura en ese sentido. Siempre recuerdo con risas la anécdota del cambio climático de la boca de Mariano Rajoy, pero este año me ha dado tanta rabia que lo cocinaría a fuego lento en las parrillas de Botero.
Al acabar, estuvimos dos días en Alhendín, el pueblo natal de Wen. Y allí fue ya el acabose. El piso en el que estuvimos es en el que habitará, si todo va bien, los próximos cuatro años Ithilien, ya que ha tenido a bien de estudiar Arqueología, y es la Universidad de Granada la más cercana. Gracias a uno de los tíos de Wen, tendremos un sitio donde poder alojarla por un módico precio.
Al meollo, el calor de marras. El piso lo construyó el padre de Wen y por mala suerte está orientado de tal manera que por la mañana da el sol en la fachada y por la tarde el patio interior, por lo que la temperatura es infernal. Lo pasé (pasamos) fatal, pero aprovechamos para hacer lista de cosas que había necesitaría, y este sábado pasado, Wen se fue con su hermano para llevar las cosas que compramos el día anterior en Ikea.
Esperemos que sepa desenvolverse sola y que comience la universidad este septiembre con buen pie.
Me da mucha envidia, la verdad.
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