Era pequeña, tendría como 7 años, y según dice mi padre aprendí rápido. No es mi recuerdo... la sensación que tengo es que me caí muchas veces, que estuve bastante con las ruedas de detrás y que fueron muchos días en el paseo que iba al instituto, con mi padre detrás haciendo que no me cayese, aguantando la estructura y corriendo.
Después de eso la bicicleta la llevaría mi hermano L. y poco más recuerdo de esa bici.
En 1983, Jarafuel, cuando estuvimos de vacaciones con mis primos y titos, ellos tenían más bicicletas (eramos cuatro y todos teníamos bici). Y ahí, a parte de un susto con unos aviones a reacción que hicieron que me estampase con una pared (sin consecuencias a parte de una herida en el codo izquierdo), las picadas de abeja a mi hermano L. cuando bajábamos una cuesta, hubo la caída que provocó que dejase la bicicleta, cualquier bicicleta.
Fue bajando una cuesta, con una ligera llovizna (salimos sin llover y volvíamos a casa para no mojarnos cuando comenzó a llover) cuando me caí. Una señora con su perrito y la correa que se cruzó, andando por medio de la calle, y yo para no comerme el perro derrapé y dejé mi rodilla derecha, en su parte interna, en el asfalto.
Creo que no llegó a verse el hueso, pero fueron meses de curas intensivas, con cremas para que regenerase la carne. Aún tengo el recuerdo en forma de cicatriz.
Y desde que estoy en Málaga, con las bicis de alquiler, el gusanillo ha ido en aumento, a pesar de un susto gordo.
Y llevo semanas, meses, mirando de comprar una bici de montaña para poder hacer excursiones por el parque natural de Montes de Málaga o por la senda de litoral que están terminando de hacer (189 km. cuando la acaben, mirando el mar) o por el parque natural del Guadalhorce.
Y por fin la tengo conmigo. De segunda mano, pero con solo dos salidas. Y barata. Y agradecido a Mayte y su hermano de "El Mundo de la Bicicleta", por los consejos y la oferta.

Ahora, a hacer kilómetros.

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