Ya estaba mal acostumbrado a que en Barcelona, al menos los seis años que estuve en Sant Andreu, los vecinos no estaban mirando ni preguntando ni chafardeando.
Me molesta sobremanera, me enerva, que los vecinos estén pendientes de lo que haces en casa o de lo que no haces, de cómo vistes, de cómo hablas...
En el rellano hay un piso ocupado solamente contínuamente, y es la mujer más cotilla que me he echado a la cara en tiempo.
Tardó poco mientras comenzamos las obras para que asomara la cabeza a ver qué hacían. Y ya le comenté a Wen que si me pedía ver la cocina le iba a dar cajas destempladas. Porque fue una de las cosas que dijo nada más ver la obra; que cuánto nos valía, que a ver si se la enseñábamos.
Se ha librado la vecina cotilla porque estaba trabajando, que si no le iba a decir dos frescas.
Está claro que esto parece más un pueblo que una ciudad.
Agh.
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