viernes, febrero 19, 2010

San Valentín I y II

[Primera escena]
El día de antes salimos a comprar al supermercado.
Al llegar a la caja comienzan a pasar los productos y la cajera, con ese gracejo característico de la zona, dice:

— Tenemos caja de bombones por 4,80. ¿Te pongo uno para tu chica?
— Em... creo que se lo has ido a preguntar al menos indicado.
— ¿Por?
— Es que no me gusta nada el chocolate, lo siento.
— ¡Pero si el chocolate es el sustituto del sexo!

Me vuelvo y nos reímos mucho.

— En eso estamos, claro. Si además, como se me ocurra comer algo de chocolate después no quiere besarme.
— Glups.

[Segunda escena]
El día señalado salimos tempranito y nos fuimos... ¡tachán! a unos baños árabes que hay en el centro de Málaga: el Hamman.
Fue complciado llegar, porque toda la zona está en obras. Y cuando digo toda es toda. A la calle no se puede entrar desde su inicio y hay que dar toda la vuelta por una paralela y luego entrar por el extremo que no está cortado. Creo que aún no se han dado cuenta que Málaga no puede, por mucho que lo intente, competir y ganar por la capitalidad de la cultura de 2016 estando en liza Toledo y sobretodo, la preciosa Córdoba. Y menos teniendo tan pocos espacios históricos que mostrar.

Me desvío.
El lugar es precioso y estuvo muy relajante, masaje incluido. Nos dieron un cuenco, unas sandalias, un pareo y unas pastillitas de jabón perfumado, y para adentro. Agua de 45 a 35 grados, todo de mármol. La primera hora solos con otra pareja joven, pero al final (después de 2 horas y media) el lugar estaba bastante lleno. Curioso las dos mujeres musulmanas que fueron con toda la parafernalia y aparte de disfrutar el sitio, se llevaron cremas, champús y acondicionadores.
Luego paseito bajo una ligera llovizna y visita rápida en el Palacio del Obispado, que no hace demasiado que lo han terminado de restaurar. La exposición fue esta.

Para acabar, comida en un restaurante que no es nada del otro mundo, pero en el que se come bien: Strachan. Lo mejor el espacio, todo decorado siglo XVIII-XIX. Lo peor, que a pesar de estar obligados a ello por tener más de 100 m2 no existía separación entre espacio sin humo y con humo. Y los 6 euros que nos clavaron por una crema catalana que no era tal. La crema catalana no tiene zumo de limón, señores. Solo una cortecita para dar sabor a la leche.

Pero fue un gran día junto con mi niña.

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