Soy de los que van de rebajas, no el primer día, pero si la primera semana.
Me gusta ver lo que hay e intentar comprar algo que me guste, me vaya bien y encima esté bien de precio.
No me gusta ir a tiendas como Zara y H&M porque no me gusta el agobio de gente. Pero este año al final, por mala gestión del tiempo personal, terminé por entrar en un Zara del centro mientras esperaba a unos amigos que habían venido de Pamplona a hacer una visita.
35 euros en una camisa negra de manga larga muy fresquita (sport) y un bermuda blanco de lino (a conjunto, y para salir de noche).
El viernes, olvidadas ya mi dia de rebajas, las chicas de la oficina se fueron escaqueando una a una de su puesto de trabajo, durante 40 minutos, para ir de rebajas. La primera que regresó nos enseña tope orgullosa una toalla de playa a rayas naranjas, blancas, verdes y ocres (hortera que era la toalla) y nos pregunta la opinión. Yo le dije que me parecía hortera y que no parecía de playa. Casi se me indignó, pero luego nos reimos a gusto. Otra de las compañeras le preguntó el precio. Y ella:
— Me he ahorrado 9 euros, ¿a que está bien?
— Si, ¿pero cuánto te ha costado?
— 36 euros de nada. Es que es de Benetton.
Os aseguro que el hartón de reir que nos pegamos el viernes bien mereció que comprase esa toalla. Al final del día casi estaba por devolverla.
Hoy me ha tocado ordenar armarios. Resultado: diez piezas de ropa que no me sirven y que irán a reciclarse.
PD: Todas fueron a esa tienda y todas compraron toalla... pero nadie más dijo precio de lo comprado. ¿Por qué será?
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