Hay gente que nace, crece y vive por el qué dirán.
Que todo lo que hacen es de cara a la galería, por quedar por encima de todos.
Que le importa más eso que cualquier otra cosa, incluso familiares.
Que si lo pinchases con un palillo en lugar de sangre rezumaría bilis, ácido.
Gente a la que le da igual si su forma de ser destroza, hace daño o pone en situaciones entre la espalda y la pared.
Pero hay una forma de combatirlos: la indiferencia.
El no ser como ellos, el reirse de esa actitud y seguir a otra cosa.
Porque en realidad lo importante no es lo que la gente pensará o verá o dirá... sino lo que realmente sienta la gente. Y es muy fácil "clichar" esas actitudes mezquinas; saltan a la vista.
Lo importante es lo que pasará ese día.
Y allí estará un gatito para verlo, indiferente ante la mezquindad pero atento al hecho importante. Su día. El de las dos.
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