... los dientes.
Fuerte, con rabia.
Poniendo cara de concentración; olvidando todo a su alrededor.
Levantando la cabecita un poco, mirando alrededor para comprobar que nadie la ve y vuelta a comenzar.
Hincando los dientes afilados y moviendolos hasta que, zas, logra romperlo.
Y se levanta de su posición incómoda y se sube al sofá de un salto.
Cuando te das cuenta compruebas que te has quedado sin línea, porque es la segunda vez en dos semanas que la salvaje de tu gata se ha dedicado a morder y moder y morder... hasta romper el cable del telefóno.
No, si vasca tenía que ser la gatita romana que tengo por inquilina.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¿Algo que decir?